Marchand d'art

WLADIMIR GUERRERO.

Sobre nosotros / Que hacemos

Wladimir Guerrero
 

Por el poeta 


GABRIEL MANTILLA CHAPARRO, 
Valle de Santa Rosa, Guarida del Unicornio, 
28 de abril de 2022. 
Mérida, Venezuela

Cada artista, cada Poeta, busca procurar su propio Mandala, su Aleph, ese espacio donde está suspendido de manera omnisciente y en el que no es débil ni fuerte, sólo un ser en absoluta levedad, que encuentra la plenitud, la contemplación, visualiza el acto creativo y el espectro de su obra. ¿Inspiración? Tal vez. Regalo, para mí. Más allá del ego. El verdadero creador avanza, retrocede, se detiene. Todo vale para él. No mide el tiempo, ni la fuerza, ni participa en una feria de muecas. Se mueve por el molino de su fe. Un artista busca su obra, para acceder a ella. Si la ha visualizado claramente, en su sueño o en su vigilia, va a por ella. Nada le detiene. No piensa en la crítica ni en el público. Pintores como Cézanne, Van Gogh, Rembrandt, Odilón Redón, Gauguin, entre muchos otros de diferentes tendencias, de todos los tiempos y lugares, pertenecen a esta estirpe. Aquí tenemos artistas como Macario Colombo, Antonio Dagnino, Guillermo Besembel, Francisco Grisolía, El Conde Bleu, Leonardo Arellano, Héctor Vásquez, Luis Altuve, Ramón Meza, Félix Rey, Rodolfo "Chino" Urdaneta, Wladimir Guerrero, entre tantos otros que la injusta memoria de un hombre envejecido no alcanza a vislumbrar.

En cuanto a este último, es un joven nacido en Mérida, Venezuela, el 15 de mayo de 1974, al que veo sumergir su remo con fuerza en el río de este frágil y dudoso escenario que habitamos. Su pintura -preferentemente de gran formato- no escatima recursos para imponerse. A pesar de la gran crisis por la que atraviesan los artistas para proveerse de materiales, Wladimir se las arregla para hacerse con ellos, para invertirlos sin desperdicio ni timidez en una composición que revela esa fuerza interior, enfrenta los cánones, desacraliza las figuras simbólicas, mueve las formas, armoniza nerviosamente los colores, dorados, rojos, oscuros, con notable energía, los trazos; y los plantea en una atmósfera mística, que lucha en sí misma con algo que la asalta. Esto le lleva a aceptar la figura de un Jesús ciego, humillado y dolorido hasta el extremo. De ahí que veamos un Cristo sin ojos, que concentra su mirada más en el interior, un espíritu confuso, carente de serenidad. El mundo ha perdido el equilibrio hasta el punto de que los seres de la paciencia, el amor, la sabiduría, el silencio y la calma han acabado librando sus batallas interiores. Un Jesús ciego y lloroso nos lo dice todo. La humanidad no es aquella aurora que decían que despertaría con la ciencia y de la que se enamoraron de inmediato artistas como los expresionistas que pronto abandonaron la barca de tal ilusión; ahora es un abismo sin puente, la hermosa aguamala que envenena nuestro paso por la tierra. Una familia de verdugos   


Es Wladimir, gran lector, amante de la literatura, ávido coqueto, que busca su propio discurso, su propio espacio, memorioso, conversador, atrevido, amable, discursivo, febril; hablamos de tantas cosas hasta el punto de que muchas quedan pendientes, entre ellas la imperdible visita al taller.

La serie de figuras en torno al doctor José Gregorio Hernández, hermosa referencia de lo que es un alma noble, generosa, piadosa, dedicada en cuerpo y alma a curar a sus semejantes; y las figuras de Jesucristo, son conmovedoras, sorprendentes, tanto por su trazo ágil, nervioso, como por su gran formato, que le permite expresarse, dar rienda suelta a su ímpetu; En una atmósfera onírica, espectral, como en los héroes, desvitalizada, desarticulada, con un aire de derrota, desprovista de gracia; sin embargo, la obra hace gala de un dibujo, de un color, de una composición que se autorregula, no desciende al caos, sino que nos atrapa y nos llama a mirarla, a penetrar en ella con la misma fuerza. La mirada volverá, al encuentro del arte, y la obra de Wladimir estará allí. Mirando, fijamente, al Cristo ciego.

GABRIEL MANTILLA CHAPARRO, 
Valle de Santa Rosa, Guarida del Unicornio, 
28 de abril de 2022. Mérida, Venezuela